«Plantearé a Les Arts restituir la imagen de Helga Schmidt»

Pablo Font de Mora, presidente del patronato del Palau de les Arts, recibe a LAS PROVINCIAS en un austero despacho del coliseo de ópera. Desde su nombramiento, hace apenas unos meses, no ha vivido semanas fáciles en el auditorio. La asunción de responsabilidades en las denuncias de abuso de poder y acoso por parte de uno de los baluartes del teatro valenciano, Plácido Domingo, -lo que conllevó que el órgano ejecutivo eliminara el nombre del tenor del Centre de Perfeccionament y rompiera cualquier relación con el cantante para el futuro- obligó a Les Arts a posicionarse. Ahora, el coliseo hace frente a las cancelaciones por el coronavirus, una pandemia que deja el edificio sin actividad, cerrado al público y vacío de plantilla. Entre Domingo y el coronavirus, se dio a conocer la sentencia por la que se absuelve a los cuatro acusados en el caso del presunto desfalco del centro, delitos que no sólo han quedado en nada sino que se han resuelto sin la declaración de la principal de las acusadas, la exintendente Helga Schmidt, que falleció el pasado mes de septiembre. Con este universo complicado, Font de Mora se muestra sincero y, asegura que planteará en Les Arts restituir la imagen de Schmidt.

-No han sido semanas fáciles en el centro de ópera…

-No. Han sido semanas muy intensas, con mucha actividad, la reunión del patronato, hablando con los patronos de la sociedad civil, los de la Generalitat. Todo ello en un momento difícil, complicado. Tanto por el tema de Plácido Domingo, que aunque venía del mes de agosto, hasta que el sindicato de artistas (AGMA) no comunica que va a publicar el informe y las conclusiones y, sobre todo, por sus declaraciones, que fueron muy contundentes, cuando tomamos la decisión.

-Como bien ha comentado el asunto salió a la luz el pasado agosto. ¿Por qué se ha tardado tanto en reaccionar?

-Él ha pedido perdón y ha asumido la responsabilidad, tanto directa como indirectamente, desde ese punto de vista, es cuando se hace necesario tomar una decisión aquí en Les Arts. Y no en tanto si va a trabajar en el futuro o no, porque realmente los compromisos de Plácido Domingo con esta casa ya estaban realizados, tanto ‘Nabucco’ como la masterclass que vino a dar en enero a los chicos del Centre de Perfeccionament. Ahí sí era relevante el cambio de nombre. Esto no deja de ser una escuela de gente joven, y es un centro educativo. Llevar el nombre de una persona que ha reconocido unos hechos que se consideran graves… no era viable. Pero nunca saldrá de mí una palabra que tilde a Plácido Domingo de acosador, no lo creo así. Pero sí es verdad que tiene una conducta reprobable desde el punto de vista ético y moral.

¿Por qué no se le puso otro nombre como se pidió desde Compromís (Matilde Salvador, Lucrecia Bori…)?

-Desde la Conselleria de Educación, Cultura y Deporte me pidieron opinión, si le poníamos una denominación al Centre de Perfeccionament. Lo dejé bien claro: creo que tiene que ir ligado siempre a la institución. Es nuestra marca. El primer centro cultural de la Comunitat Valenciana. Somos conocidos a nivel internacional. Incluso por la carrera de estos chicos y chicas, que el nombre del Centre vaya ligado al de Les Arts, es más positivo así que si lo ligamos al nombre de una persona en concreto. Al final se aceptó mi propuesta. Que el día de mañana ocurre como en la Ópera de Washington, que también le han quitado el nombre de Plácido Domingo y le han puesto el de una fundación, sólo pasaría aquí si encontráramos un gran mecenas que dijera: «yo mantengo el Centre por un tiempo determinado». En ese caso sí se podría vincular a una persona o a una gran empresa.

-Después de conocerse la sentencia del caso Palau de les Arts, de la absolución de los cuatro acusados y de que la exintendente no se hubiera podido defender. ¿No procede ponerle el nombre de Helga Schmitd al Centre, ahora que se conoce que no se cometieron irregularidades en los patrocinios?

– Muchas veces piensas lo injusto que son los procedimientos judiciales tan largos y cómo pueden afectar a la vida de las personas para luego llegar a una sentencia absolutoria. Sin embargo, yo creo que hay razones más que de peso para que el Centre de Perfeccionament vaya ligado al apellido Palau de les Arts.

-¿Promoverá o apoyará, como presidente del patronato, alguna medida para restituir o limpiar la imagen de Helga Schmidt? Cada vez son más las voces, entre ellas las del exintendente Davide Livermore, que hacen un alegato por este hecho…

-Creo que esto sería bueno porque además no deja de ir ligado a la historia del Palau de les Arts. Pero, primero debe ser una decisión que se adopte en el órganos de gobierno, en el patronato. Yo soy el presidente pero de un órgano colegiado. Yo creo que a la propia Helga Schmidt, particularmente, no le gustaría que le dieran el nombre al Centre de Perfeccionament o a una sala. Sin perjuicio de ello, que pueda valorarse por la comisión ejecutiva, realizar un concierto homenaje a ella, a mí me parecería absolutamente perfecto. Lo apoyaría. Es algo que se tratará en el próximo patronato y que irá por la vía de algún acto, más allá de nombres y de gentilicios. Porque eso es politizar el tema y mezclarlo con la política.

-Pero a título personal, ¿impulsará alguna medida para restituir la imagen de Helga Schmidt?

-Sí. Lo haré, pero no puedo especificar qué será. A quien ha sido una de las grandes artífices de este proyecto, sí que se debería plantearse un homenaje.

-¿Cree que la figura de la exintendente es incómoda para los políticos valencianos?

-No lo he vivido así. Sí puedo decir que dentro del personal de Les Arts, hablan con mucho respeto de ella. Eso dice mucho de un jefe. Muchas veces, la gente o se olvida o lo critica. Y en esta casa sigue todo el mundo hablando de doña Helga de forma favorable y en positivo, incluso antes de salir la sentencia. Una resolución en la que a ella no se le ha podido juzgar, porque falleció antes de poder defenderse.

-¿Cómo valora la sentencia? ¿Cómo se ha vivido en el Palau de les Arts la resolución de un caso que se inició en 2015 y que dejó imágenes como las del helicóptero rodeando el coliseo de ópera el día de la detención de Schmidt?

-Primero he de decir que es una sentencia muy favorable para la imagen del Palau de les Arts. Lo digo porque, ahora en el proyecto y de cara a la sociedad civil, estamos intentando por todos los medio es que se mantenga el apoyo de la Administración pública pero también el de las empresas.

-Con todo lo sucedido, ¿ha habido ciertos recelos por parte de esas empresas a colaborar en Les Arts?

-Sí. Podían pensar que por aquella empresa que se creó, de mecenazgo y patrocinio… Ese tema ya se ha cerrado y de forma muy favorable tanto para los acusados como, de forma indirecta, para el coliseo. Limpia la imagen y quita cualquier miedo que pueda haber de cara al futuro para la entrada de las empresas valencianas.

-Maazel y Mehta, que hicieron grande el coliseo, dejaron de colaborar en él. Ahora, por motivos diferenes, Domingo no volverá a actuar. Les Arts no ha dejado de perder estrellas…

-Cuando nace, el proyecto tenía 58 millones de euros de presupuesto. Este año son 29. Además, en aquel momento, había 9 millones de patrocinio y mecenazgo, ahora esta partida está a unos niveles muy reducidos. Evidentemente, las grandes estrellas tienen un coste altísimo. Pero nuestra orquesta es excelente, diría que la mejor formación de España. La materia prima la tenemos, el Cor de la Generalitat, que también es extraordinario, está y un director artístico de primer nivel, Jesús Iglesias. El hecho de que estemos hablando de nombres mediáticos no significa que sean los mejores, ni mucho menos. Un ejemplo: Mehta te puede dirigir muy bien un Verdi o un Puccini, pero sin embargo su Mahler o Bruckner dejan mucho que desear… Tener un muy buen director artístico, con una magnífica agenda de profesionales, eso nos da muchas posibilidades. Aunque es verdad que estamos encorsetados con el presupuesto, pero con ese dinero estamos logrando la excelencia musical de Les Arts.

-Tras la marcha de los directores musicales Fabio Biondi y Roberto Abbado y no contar más con el maestro valenciano Ramón Tebar, ¿puede Les Arts estar si esta figura al frente de la Orquesta de la Comunitat?

-Se puede. Hay determinados teatros de Europa que viven esta situación. ¿Es lo óptimo? Yo creo que no. Lo ideal sería tenerlo. Pero ha de ser serio, que trabaje con la orquesta, que le dedique tiempo. Una persona que crea una orquesta a su imagen y semejanza.

-No esa bicefalia que suponían Abbado y Biondi…

-Ni bicefalia, ni el que viene y da unos conciertos y regresa a los siete meses… No. Uno que trabaje con la formación, que sepa el nombre de los músicos, que conozca sus necesidades… Desde ese punto de vista, sí creo que deberíamos tener un director musical. Pero, también le doy la razón a Jesús Iglesias, elegirlo no es fácil. Y no debe ser una estrella, desgraciadamente tenemos el presupuesto que tenemos. Pero puedes contratar a otros profesionales ya consolidados como Mark Albrecht o James Gaffigan… Son directores que están dirigiendo en la ópera de Baviera, en la de Berlín, en el Covent Garden… Pero eso tipo de maestro, de una edad entre los 35 y 45 años, sí puedes contar con él. Pero necesitas que les des unas garantías.

Entre ellas la de que va a tener una orquesta con un número significativo de músicos. Esa es otra de las necesidades de la formación musical.

-Estamos trabajando para que de aquí a dos años podamos tener una orquesta sinfónica de 80 músicos. Nuestro objetivo es, para 2021, que este número sea de fijos, más aparte los refuerzos. Tenemos que trabajar en paralelo. Por una parte, algún director que esté disponible a partir de una fecha determinada y que, en ese momento, la orquesta tenga los músicos que son necesarios.

-Con todo ello, ¿qué balance hace el presidente del Patronato del periodo de algo más de un año que Jesús Iglesias lleva en el Palau de les Arts?

-Hemos tenido mucha suerte con él. Es un magnífico profesional. Y un extraordinario conocedor de voces. Sabe en todo momento quienes están despuntando en el mundo de la ópera. Conoce muy bien el repertorio, qué títulos funcionan mejor y cuáles peor. En definitiva, sabe equilibrar la programación y, sobre todo, es un excelente trabajador.

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