Basura que merece estar en un museo

El vertedero de Dandora, el más grande de Kenia, hace una década que triplica su capacidad. La basura se acumula a lo largo de 12 hectáreas de territorio a las afueras de Nairobi y conforma el paisaje que la artista Joan Otieno, igual que otras cientos de personas, ve desde su estudio en el asentamiento informal de Korogocho. La enorme extensión, equivalente a unos 12 campos de fútbol, está llena de grúas que compactan los residuos y de más de 4.000 recolectores que cogen materiales y productos en buen estado para venderlos en los mercados de segunda mano. Aunque oficialmente está administrado por el condado de Nairobi, hay personas externas que controlan la zona y se lucran. Casi forman un gobierno propio, informal y muy bien organizado.

Los colegios y las viviendas están a tiro de piedra del vertedero, lo que supone un alto riesgo tóxico para la población, aunque actualmente los residuos ya no solamente están en Dandora, sino en todo el barrio. “Tenemos camiones los martes y los jueves que vienen de las zonas altas y tiran toda su basura aquí, que acaba haciendo reacciones químicas y sale un humo que es tóxico; esa gente que habla de gestionar los residuos no está haciendo nada al respecto”, denuncia Otieno, que empezó a usar material reciclado para crear arte de forma improvisada cuando de joven se quedó sin pintura y sin dinero para comprarla. Desde vestidos y trajes hasta zapatos, bisutería y cuadros, recicla cualquier objeto que encuentra en la calle y consigue crear algo “bonito y que se puede llevar puesto”.

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La falta de gestión e infraestructuras para la recogida de basura es un grave problema en la capital keniana donde se generan 2.977 toneladas de residuos al día, según Patricia Akinyi, coordinadora de información medioambiental del condado de Nairobi. Akinyi apunta que el 74% de la basura acaba en vertederos legales, de la cual se recicla un 22%. “El 26% restante –que representa 774 toneladas al día– es vertido ilegalmente en espacios y ríos”, comenta, lo que se ha traducido en una contaminación total del río Nairobi, en el que se ha encontrado de todo, incluido cadáveres de bebés y fetos, y 12 tipos de minerales tóxicos.

Joan Otieno no tiene ninguna esperanza depositada en el gobierno porque asegura que “solo les importa el dinero” y que, al final, el cambio está en las manos de los habitantes de la zona. “La gente ha abandonado este sitio y yo estoy intentando decirles que este puede ser un lugar mejor”, comenta.

Cuando Otieno empezó a experimentar con residuos la echaron del estudio que compartía por traer demasiada basura y empezó una nueva trayectoria en un taller propio. Esto la ha llevado a sacar provecho económico del reciclaje artístico y a hacer charlas en países como Australia y Suecia después de que uno de sus trajes apareciera en la serie norteamericana Sense 8, en la que justamente uno de los personajes es de Nairobi.

Los colegios y las viviendas están a tiro de piedra del vertedero, lo que supone un alto riesgo tóxico.Los colegios y las viviendas están a tiro de piedra del vertedero, lo que supone un alto riesgo tóxico. Txell Escolá

Desde hace unos años forma a mujeres jóvenes en su taller, muchas de las cuales ya son madres y no van al colegio, con el objetivo de que más adelante puedan ser independientes económicamente. “Lo estoy intentando porque creo que las mujeres son los pilares (de la sociedad)”, explica la artista, sentada en el suelo de una de las salas del taller. Les está yendo bien, dice con una sonrisa llena de orgullo, “hemos conocido el presidente y fuimos a ONU-Habitat y modelamos con nuestros vestidos; se trata de que estas chicas ganen algo de dinero porque la vida es una locura en estos barrios”.

Las zonas acomodadas de la capital disponen de servicio de limpieza pero en los asentamientos informales —que alojan a más de dos millones de personas— no tienen acceso a esta prestación y dependen de “organizaciones comunitarias que recogen los desechos puerta por puerta” pero que no siempre cumplen, explica Akinyi. Por otro lado, también confirma que “hay veces que se tira la basura de otras áreas a los barrios marginales de forma ilegal” y reconoce la falta de infraestructura y de concienciación social.

El aumento de los residuos electrónicos

En Kenia el uso de teléfonos móviles y ordenadores ha crecido exponencialmente en la última década, y, en consecuencia, también los residuos. El uso del pago telefónico con el servicio M-Pesa y las redes sociales han contribuido a que la penetración de suscripciones de móvil haya llegado a un 91%, convirtiéndose así en uno de los países más conectados del continente.

Asimismo, desde Occidente llegan a Kenia muchos productos electrónicos de segunda mano, los cuales tienen una vida útil corta y contribuyen a que haya una acumulación acelerada de residuos electrónicos en un país donde la gestión de estos es mínima. Para hacer frente a esta situación, el gobierno anunció el pasado octubre que prohibiría las importaciones de estos productos de segunda mano a principios de 2020.

No obstante, esta acción no elimina las toneladas de residuos existentes, que son una fuente de preocupación para personas como Alex Mativo, un joven artista que impulsó el proyecto E-lab en 2013 para dar una segunda vida a estos materiales convirtiéndolos en piezas de arte. Collares, mesas, libretas, relojes o llaveros, Mativo y su equipo formado por personas de zonas afectadas por la contaminación descontrolada convierten cualquier desecho electrónico en una pieza útil. “E-Lab ha tenido un impacto tremendo en mi comunidad (Athiriver, cerca de Nairobi)” explica, “uno de los resultados de los que estamos más orgullosos es que hemos eliminado 4.000 toneladas de residuos electrónicos en Kenia, aunque esto es una fracción pequeña de toda la cantidad que se está generando”.

Sorprendido con el crecimiento de su proyecto, Mativo decidió apostarlo todo y llevar la marca fuera del continente africano, porque “poniendo África en el mapa consigues la atención de la gente apropiada que puede unirse y ayudarte”. Esta determinación le llevó a la fashion week de Nueva York y de Milán, y a ganar el premio de Jóvenes Líderes de la Reina de Inglaterra en 2016. Con el tiempo E-Lab se ha convertido en Ethnic brand, una marca de moda global ética y sostenible que, a parte de crear arte y complementos usando residuos electrónicos, da acceso a creadores y artistas a una red global de fábricas responsables con el medio ambiente con el objetivo de reducir la huella de carbono en el proceso de producción.

Al contrario que Joan Otieno, el joven confía en el poder legislativo para que la situación mejore pronto en materia de reciclaje y recolección.

Nuevas leyes y otras alternativas

Poco a poco el gobierno de Kenia toma más medidas en términos de contaminación y medioambiente, como se ha visto con la actuación frente a las importaciones de productos electrónicos de segunda mano, y con la prohibición de las bolsas de plástico en 2017, que fue un hito importante. Por lo que respecta al condado de Nairobi, Patricia Akinyi confía en el Plan Estratégico Integral de Gestión de Residuos Sólidos (ISWM por sus siglas en inglés) que está programado para el periodo 2011-2030 “aunque debido a algunos contratiempos puede que se retrase” su implementación. Los objetivos de este proyecto son reducir la producción de residuos, potenciar su separación por materiales y crear infraestructuras que garanticen una disposición segura de los residuos. Además, el condado ha lanzado el eslogan “mis residuos, mi responsabilidad”, con la idea de que la sociedad se sienta parte de la solución.

La falta de gestión e infraestructuras para la recogida de basura es un grave problema en la capital keniana donde, según el gobierno del condado de Nairobi, se generan 2.475 toneladas de residuos al día

Por otro lado, existen empresas privadas que se ocupan del trabajo que se espera que haga la administración en un futuro, como la Waste Electrical and Electronic Equipment Center (WEEE). Recoge los residuos de empresas o personas individuales que han contactado con ellos previamente y recicla algunos materiales, mientras que hay otros que son enviados a otras plantas de reciclaje de fuera del país. Zipporah Wacera es la desarrolladora de negocio en WEEE y asegura que aunque la recolecta está creciendo, “estamos recogiendo solo un 1% de los residuos”. Wacera hace incidencia en la falta de concienciación, ya que “mucha gente tira estos residuos a la basura general y los recolectores recogen lo que es importante y lo venden”, dice Wacera, que añade que “con la infiltración del gobierno chino en Kenia se ha creado un mercado ilegal de placas de circuito impreso” que dificulta el control de los residuos.

Las acciones para evitar la contaminación masiva actual son aún insuficientes pero emprendedores como Otieno y Mativo muestran que la voluntad de cambio existe, aunque está desorganizada. “Solucionando nuestros propios problemas mandamos el mensaje a otras partes del mundo de que África está siendo innovadora”, concluye, optimista, Mativo.

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