El toque de queda se amplía a más ciudades en Francia

El toque de queda nocturno que este fin de semana se ha impuesto en Niza y Perpiñán empieza a extenderse por otras ciudades francesas para intentar contener la epidemia de Covid-19. Mientras el Gobierno descarta por el momento aplicar esta medida a nivel nacional, localidades como Mulhouse, Montpellier o Nîmes se han sumado a este confinamiento estricto durante las horas nocturnas ante la progresión del coronavirus en Francia, que deja ya 860 fallecidos y casi 20.000 contagiados, más de 2.000 en reanimación.

Entre las víctimas figuran 20 personas que vivían en una residencia para ancianos y cuyo fallecimiento, según confirmaron este lunes las autoridades sanitarias, se relaciona «posiblemente» con el virus. El hogar, que acoge a 163 mayores, se encuentra en el este de Francia, la zona más afectada por la pandemia, donde han muerto además cuatro médicos.

Ahora, con toque de queda o sin él, el país se prepara para alargar el confinamiento más allá de las dos semanas previstas inicialmente. Lo llevan pidiendo desde hace días los facultativos que batallan desde primera línea en hospitales ya saturados, y también desde los entornos científicos, donde se ha pedido un endurecimiento de las condiciones del encierro.

El ministro de Educación lo ha insinuado al asegurar este lunes que será difícil que las clases puedan retomarse antes del próximo 4 de mayo. Y el presidente, Emmanuel Macron, lo dio a entender al advertir que, tanto la Semana Santa, la Pascua judía como el inicio del Ramadán, que este año coinciden todos en abril, deberán celebrarse «sin aglomeraciones», es decir, sin público y de forma virtual.

El Gobierno espera aún las recomendaciones del comité científico que le asesora en la crisis del Covid-19, que este martes deberá pronunciarse sobre la amplitud y duración de ese encierro, y que podría revisar ciertos permisos para salir a la calle, como el de hacer deporte. El primer ministro, Édouard Philippe, se disponía a firmar un decreto para aclarar las condiciones en las que se puede salir de casa y ordenar el cierre de los mercados alimentarios al aire libre, salvo en los pueblos donde son la única forma de aprovisionamiento.

No habrá, sin embargo, un confinamiento total «que podría tener repercusiones peores que la crisis sanitaria, con problemas de abastecimiento en los supermercados, disturbios, etcétera.», aseguró este lunes Macron en una reunión por videoconferencia con los representantes de los diferentes cultos religiosos, asociaciones laicas y masónicas. Alimentar a 70 millones de franceses haciendo repartos a domicilio solo sería posible «imponiendo un racionamiento», razonó el mandatario, y Francia no puede llegar a ese punto.

Medicamento antipalúdico

Pero si el presidente quiso este lunes consultar con las autoridades morales y religiosas del país, no fue solo para pedir que las celebraciones de abril se realicen de manera virtual. Francia quiere empezar a preparar los espíritus para las duras semanas que se aproximan. Una «célula de escucha» va a ponerse en marcha para ayudar a las familias «que necesiten un apoyo moral o incluso espiritual, en función de la sensibilidad o las creencias de cada uno», a los que podrán referirles el personal médico y sanitario.

Francia dio este lunes también luz verde al uso de la cloroquina en los hospitales para tratar las formas graves de Covid-19. La cloroquina es un medicamento antipalúdico que, al parecer, ha dado buenos resultados en el tratamiento del coronavirus, aunque las autoridades sanitarias aún toman los resultados de los reducidos ensayos clínicos que se han realizado con prudencia. Pero este lunes, tras consultar al Alto Consejo de Salud Pública, el ministro de Sanidad, Olivier Véran, autorizó su uso en hospitales para casos graves, bajo decisión colegiada y supervisión médica. Véran se opuso este lunes a la prescripción de este medicamento «a la población en general» ante la ausencia de más datos sobre su eficacia.

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