¿Por qué Alemania controla mejor la epidemia?

Aunque Alemania es el quinto país del mundo con mayor número de contagios de coronavirus, con más de 31.000 a media tarde de este martes, es también el que proporcionalmente menos fallecimientos registra, 132, según datos de la Universidad Johns Hopkins de EE UU, que lleva el registro global de la pandemia. La reducida mortalidad en Alemania, de tan solo el 0,22% de los infectados frente al 8,3% de Italia, se ha convertido en tema de debate entre los expertos, que buscan las causas de la excepción. «No tenemos una explicación clara. Probablemente se trate de una combinación de diferentes factores», señala Richard Pebody, representante en Alemania de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Una de las causas puede ser la rápida reacción de las autoridades ante la vertiginosa expansión de la enfermedad. Alemania reconoció prematuramente el peligro del virus y trabajó con prontitud para combatirlo, asegura Christian Drosten, director del Instituto de Virología de la Charité, el hospital universitario de Berlín. Sus científicos ya habían desarrollado en enero uno de los primeros test para detectar el Covid-19. El país dispone además de una amplia y tupida red de laboratorios independientes que empezaron a analizar pruebas a principios de año, cuando los casos eran aún muy reducidos.

El Instituto Robert Koch (RKI), responsable de coordinar la lucha contra el coronavirus en Alemania, calcula que a diario se pueden realizar más de 12.000 análisis. Según Drosten, presumiblemente en ningún otro Estado se han hecho tantos test, proporcionalmente a la población, como en este país y posiblemente en ninguno se conozca mejor el número real de infectados.

La cifra oculta

«En Alemania existe una estrategia de análisis agresiva y por ese motivo entre la cantidad de casos positivos la mayoría resultan tener un desarrollo leve», subraya Pebody en el rotativo ‘Berliner Mogenpost’. Si en países como Italia o España se hicieran más pruebas a gente joven se descubriría probablemente que el índice de mortalidad es bastante menor que el actual, pero también se constataría que el número de contagios es mayor y que la cifra oculta es probablemente enorme.

La capacidad de urgencias es otro de los factores determinantes en la lucha contra la pandemia. Alemania dispone de 28.000 camas en cuidados intensivos con respiración asistida. En Francia son 7.000 y en Italia 5.000. Michael Ryan, coordinador de la OMS para pandemias, subraya que cuanto mejor estén preparados los hospitales más vidas pueden salvarse. «Cuando los hospitales se ven desbordados por el número de pacientes es una simple cuestión de posibilidades hasta qué punto pueden ofrecer un tratamiento adecuado y si pueden reaccionar a tiempo ante cualquier cambio en los pacientes en cuidados intensivos», señaló. Tres factores son determinantes según el experto: el número de camas para cuidados intensivos, suficiente ropa protectora y personal con buena formación.

Para evitar la saturación que sufren los hospitales de otros países, Berlín ordenó ya hace diez días duplicar las camas de cuidados intensivos con respiración asistida y tiene listo un plan de emergencia sanitaria para liberar plazas en los hospitales en las que atender a los enfermos más graves y trasladar a los leves a pabellones y hoteles que, llegado el caso, se convertirán en centros hospitalarios provisionales.

Mientras otros países han ahorrado hasta arruinar sus sistemas sanitarios, en Alemania los presupuestos han sido crecientes en la última década. El gasto en sanidad ha aumentado de 167.000 millones de euros en 2009 a 246.000 millones en 2019.

Además el paciente medio alemán al que se diagnostica una infección de coronavirus es más joven y sano que en otros países, con una media de edad de 46 años, mientras la media de los fallecidos es de 82 años. Expertos italianos han denunciado que la baja mortalidad alemana por el coronavirus se debe a que no se realizan pruebas a las personas fallecidas. Unos análisis que «no son un factor decisivo» para el RKI, ya que parte del supuesto de que «los pacientes son diagnosticados antes de su muerte» y considera que esas pruebas «no son necesarias sistemáticamente».

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