El daño colateral de los bulos

Los bulos en internet provocan un daño colateral igual de devastador que la propagación de la alarma y el caos. Sus creadores siembran la desconfianza en maravillosas iniciativas del ser humano. La semana pasada, Cristina Marín, una cirujana del Hospital de La Princesa de Madrid pedía cartas anónimas para dar ánimos a los enfermos aislados por el coronavirus. La médico envió a un grupo familiar de WhatsApp un audio. Al día siguiente ya había recibido más de 35.000 misivas. Otros centros hospitalarios han decidido sumarse al proyecto.

También en el servicio de mensajería, y en redes sociales, se difundió la supuesta alerta de que era un bulo, un intento de estafadores cibernéticos para robar datos o hackear ordenadores. Los propios mentirosos acusaban de mentir en un intento de secuestrar la idea original. Cristina Marín defendió en un vídeo su propósito, recogido por el Colegio Oficial de Médicos como Cartas con Alma. Los medios de comunicación contrastaron el email oficial. El correo escogido lo dice todo: cartas.venceremos.covid19@gmail.com

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