¿Son los mayores el eslabón más débil en el confinamiento?

Esta es una época de familias rotas (quizá sea más correcto decir obligatoriamente dispersadas) y, a la vez, más unidas que nunca, aunque sea en la distancia. El confinamiento de la población en sus casas y la necesidad de dejar a los mayores –sobre a todo, a los que sufren patologías de riesgo– lo más aislados posible, para evitar que se contagien, hacen que muchas personas de edad que viven solas se hayan quedado desde que estalló la crisis del coronavirus sin las visitas familiares que tanto les alegraban el día. Y, claro, tampoco disponen ya de esas pequeñas rutinas que parecen cosas minúsculas, pero que sirven para articular la existencia en la vejez: nada de paseos, ni de partida de cartas en el centro de jubilados, ni de cafecito por la tarde… En España hay más de dos millones de personas mayores de 65 años que viven solas. De estas, más de 850.000 tienen 80 años o más. ¿El confinamiento puede ser la puntilla para un colectivo que físicamente es más vulnerable ante el COVID-19?

La lógica nos hace pensar que sí, que a un cuerpo debilitado por los años le acompaña una mente también con pocas fuerzas para afrontar un reto como este. Pero esto no es del todo exacto: si los mayores gozan de una buena salud mental, pueden estar psicológicamente más preparados que los jóvenes para el enclaustramiento. Así lo explica Raúl García Cuesta, psicólogo de residencias que ejerce en los centros vizcaínos de Barrika Barri, Kirikiño y Olimpia: «Saben muy bien que son un grupo de riesgo. La percepción de amenaza que tienen es muy elevada, porque claramente está en juego su vida. Esto, en algunos casos causa estrés, ansiedad, tristeza…», explica. ¡Pero no en todos! De hecho, la gran mayoría tiene ‘ventaja’ sobre la población más joven: «Un mayor está más ‘trabajado’. Y para afrontar esto tienen la experiencia de haber pasado malos momentos en la vida. Ese aprendizaje les da una capacidad de adaptación que ahora mismo es clave para llevar bien el confinamiento».

Paradójicamente, estos días, nuestros mayores están tranquilizando a los más jóvenes, preocupados por esta situación que a veces parece una pesadilla apocalíptica de la que tardamos demasiado en despertar. El secreto está en sus «vivencias previas». «Depende mucho de la personalidad individual de cada mayor, de su entorno social y familiar y de si tenían psicopatologías previas, pero muchos ya han pasado por situaciones muy dolorosas, como perder a la pareja e incluso a hijos, y todo lo que han aprendido de esos episodios, que es a salir adelante, ahora les es útil».

De hecho, estos días no es raro oír a la gente de más edad decir que ellos han vivido el hambre de la posguerra, cuarenta años de dictadura, un golpe de Estado, varias crisis económicas (eso, sin contar sus desgracias personales)… y ahí siguen. No es que lo enarbolen como una medalla para infravalorar la valentía de los jóvenes, pero lanzan el siguente mensaje: todo pasa.

Del colectivo de mayores, los que mejor sobrellevan el encierro y la crisis del coronavirus son los que ya vivían solos. «Aunque ahora echarán en falta las rutinas que implicaban salir de casa. Si su entorno social inmediato era más reducido, se les hará menos duro».

No están abandonados

A los que están en residencias, hay que explicarles muy bien que sus familiares no van a verles por su bien, «que no han sido abandonados». «Lo entienden y lo llevan mejor que los hijos, que tienden a tener sentimientos de culpa. Lo que yo les digo a unos y a otros es que esta situación ha sido sobrevenida, no elegida. Y que acabará», apunta el psicólogo.

¿La mejor herramienta estos días para mantener el ánimo de los mayores y de sus hijos y nietos preocupados en la distancia? El teléfono. «Hay que llamarse mucho. No se trata de que los hijos sean ‘controladores aéreos’, pero sí de que estén muy pendientes de sus mayores para que se sientan respaldados», aconseja.

De este modo, se puede ir comprobando si e estado anímico de la persona mayor que vive sin su familia sigue estando fuerte. Porque algunos pueden venirse abajo, tal y como coinciden en afirmar García Cuesta y Alba Cuesta, profesora de psicología de la Universitat Oberta de Catalunya. «La disminución significativa de las actividades y rutinas cotidianas, una baja estimulación sensorial y una disminución del contacto social pueden alterar su estado anímico». En este sentido, su colega de la UOC, la psicóloga Montserrat Lacalle, alerta de que hay que estar vigilantes por si surgen «estados depresivos».

Para gestionar el aislamiento y reducir la angustia, Lacalle recomienda a la gente mayor pensar que es una situación puntual que, a pesar de su importancia, pasará. Se trata de procurar mantener la paciencia y ver que es un hecho temporal. «Hay que poner el pensamiento en el mañana. A menudo, cuando la realidad del momento no es agradable, pensar en lo que encontraremos cuando termine nos puede ayudar», señala la experta. Quizá dentro de unas décadas seamos nosotros los que animemos a las nuevas generaciones en apuros diciendo: ‘Yo pasé una pandemia’».

Este es el decálogo que proponen los expertos para que los mayores pasen la cuarentena de la mejor manera posible.

1

No dormir en exceso

Los mayores deben levantarse estos días a una hora prudente. Pueden dormir hasta un poco más tarde, pero no conviene que se ‘encamen’, porque eso los debilita y les resta fuerzas.

2

Quitarse el pijama

La tentación de pasarnos los días en pijama es muy fuerte… y un error. Para los mayores también. Deben asearse bien a diario y ponerse ropa cómoda. Nada de camisón y pijama a todas horas.

3

Actividad física

No se trata de ponerse a hacer pesas si nunca lo han hecho. Simplemente de moverse y no estar sentado o tumbado todo el rato. Hacer tareas domésticas, una sencilla tabla de ejercicios o bailar un poco vale.

Estas semanas va a ser muy importante desviar un poco la atención del tema coronavirus. Y leer sobre otras cosas es buena opción. Cualquier lectura que a los mayores les haga llevar la atención a otro sitio es buena.

5

Menos tele

La televisión da compañía a los mayores, pero en estas circunstancias es mejor que no estén viendo todo sobre la crisis. Lo conveniente es informarse sólo una vez al día y ver cosas de entretenimiento.

6

Tranquilizarse todos

Los hijos, desde la distancia, pueden agobiar al mayor si se muestran muy preocupados. Y viceversa. Lo mejor es no intentar controlar ni abroncar. Y transmitir tranquilidad para que ninguna de las partes sufra.

Es necesario desterrar la pereza y hacerse la comida en condiciones, aunque sea para uno solo. Y no olvidarse de beber. Cocinar entretiene y además sirve para alimentarse mejor y planificar el día.

8

Tirar de teléfono

La familia debe charlar con frecuencia. Los mayores lo necesitan. Pero no hay que centrar la conversación en contagios, muertes… Aunque se toque el tema, hay que pasar a otros asuntos que desestresen.

9

Aprender algo

Hay muchos cursos para aprender algo en la red (manualidades, idiomas…). El 50% de los mayores de 65 años están conectados, por lo que podrían usar este recurso para tener la mente ocupada.

10

Ayuda de voluntarios

Han surgido plataformas solidarias que se ofrecen para hacer recados a la gente mayor que vive sola. Y también personas a título personal. Muy recomendables.

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