Tristeza, incertidumbre y esperanza

Tristeza, incertidumbre y esperanza es lo que invade actualmente a la mayoría de las asociaciones festivas de los pueblos y ciudades de la Comunitat a consecuencia de la pandemia de coronavirus, unos por la suspensión de sus festejos y otros por la esperanza de poder realizarlos en sus fechas tradicionales, una vez vencida la pandemia y concluido el estado de alarma, habiendo vuelto a la cotidianidad.

El azote inesperado del coronavirus también pone a prueba la responsabilidad y solidaridad del ciudadano, hasta ahora impecable y digno de destacar a excepción de los imbéciles de turno. Hasta la fecha, festejos emblemáticos como las Fallas, por ejemplo, han fijado provisionalmente la celebración en otras fechas con la esperanza de poder llevarla adelante.

Creo que, de surgir problemas en los próximos meses que hagan variar las previsiones, debe ser el protagonista de la fiesta el que marque los cambios de fecha, consensuando con las autoridades pero tomando parte. Las decisiones tienen que ser tajantes aunque impliquen dolor, deben tomarse con la cabeza fría y no dejarse llevar por las emociones que dicte el corazón.

Otro de los festejos importantes y cercanos en el calendario era la Semana Santa Marinera, que ha decidido suspender todos sus actos después de una reunión de su Consejo de Gobierno en la que participaron presidentes y hermanos mayores de las cofradías, hermandades y corporaciones que configuran nuestra marinera semana de Pasión; suspensiones que también han tomado otras poblaciones de España.

Al respecto, cabe destacar que el Vaticano, a través de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, emitió días pasados, según las agencias informativas, un comunicado en el que sugiere trasladar la celebración de la Semana Santa a septiembre; decisión que deja a juicio y valoración del obispo de la cada diócesis.

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