EE UU supera ya a China en casos confirmados de COVID-19

A juzgar por la insistencia de Donald Trump en minimizar el coronavirus, era fácil predecir que la epidemia azotaría el país con más fuerza que a ningún otro, pero ese día llegó ayer, tres semanas antes de que se alcance el momento álgido de la epidemia.

Con 83.507 casos confirmados, de los 529.000 que hay en todo el mundo, EE UU ya es oficialmente el país del mundo con mayor número de casos confirmados por COVID-19, por encima de China e Italia. «El que hayamos superado a China es testimonio de las pruebas de diagnóstico que estamos haciendo», se atrevió a replicar el presidente. Su teoría es que EE UU tiene mejor sistema de diagnóstico que ningún otro país y por eso detecta más casos.

Paradójicamente, ese ha sido el talón de Aquiles de EE UU. El gobierno estadounidense no quiso comprar los kits que le ofreció la Organización Mundial de Salud porque no estaban fabricados en EE UU, así que encargó los suyos propios. Eso no solo resultó en una demora crítica, sino que los «hechos en América» resultaron fallidos y daban un error. Para colmo, la burocracia impidió que se utilizaran con quienes presentaban síntomas, por lo que en el primer mes desde que se detecto él primer caso a final de enero sólo de realizaron poco más de 2.000 pruebas de diagnóstico.

El mayor estímulo económico de la historia se queda corto en Nueva York

Ayer el vicepresidente Mike Pence presumió de que ya se han realizado más de medio millón, pero esas 552.000 pruebas en un país de casi 330 millones de habitantes sólo supone el 0.17% de la población. Ese déficit hará fracasar el plan del presidente de reabrir la parte del país que menos casos registre.

Su plan es clasificar condado por condado el riesgo de contraer la enfermedad con un sistema de colores que permita identificar aquellos de bajo riesgo, que serían los primeros en volver al trabajo. Para ello pide «máxima responsabilidad» de los condados que deberían impedir que acudan a ellos los habitantes de un condado vecino donde los establecimientos estén cerrados.

Nueva York, el Wuhan de EE UU, sería el gran abandonado en ese caso. Y sus habitantes los nuevos apestados del mundo. Los condados vecinos del propio estado no permiten la entrada de neoyorquinos y obligan a los que lleguen a ponerse en cuarentena durante dos semanas.

El plan del presidente es reabrir partes del país para Semana Santa, en contra de la opinión de los expertos. «Lo que van a mandar son los datos», tranquilizó el doctor Anthony Faluci, director del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas, que ha vuelto a subir a la palestra de la Casa Blanca para llevar la contraria al presidente.

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