La construcción, el sector más afectado por el parón de la actividad

La economía se para. A partir de este lunes solo estarán funcionando las empresas que den un servicio esencial para superar la pandemia. Sin embargo, sorprende la cantidad de profesiones que el Gobierno ha considerado básicas para ello. Los empresarios temían un cese total de la actividad y la patronal CEOE alertó de un impacto «sin precedentes». Lo que más se temía era el parón de la industria pero, en su mayor parte, seguirá adelante.

Al observar la (larga) lista de profesiones que tendrán que seguir prestando sus servicios, queda claro que, sin duda, el sector más afectado por el parón de la actividad es la construcción, que desaparece totalmente de los servicios que el Gobierno considera «esenciales». Actualmente hay 1,28 millones de trabajadores en esta rama de la economía y aunque son menos de la mitad de 2008 (cuando se alcanzaron los 2,67 millones de empleados), son un colectivo lo suficientemente numeroso como para que se note en los datos de movilidad de este lunes cuando se queden en casa, ya que hasta ahora no estaba regulado su confinamiento.

«La actividad de la construcción se había conseguir mantener hasta cierto punto, aunque no había nuevos proyectos. Será el sector más afectado por la medida», explica a este periódico Raymond Torres, director de Coyuntura Económica de Funcas.

Estos son los profesionales que seguirán trabajando

La Comunidad de Madrid -donde la pandemia más está apretando- ya había denunciado la situación, tanto por la falta de medidas de seguridad de los trabajadores, como por la cantidad de trabajadores que día a día debían salir de su casa e ir a la obra, con todos los focos de contagio que eso suponía. «Pido al Gobierno que suspenda las obras en Madrid. Así mandamos mucha gente a su casa, evitamos concentraciones. Las obras pueden recuperar el tiempo perdido. Nosotros no tenemos tiempo que perder», pedía hace unos días el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, en Twitter.

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También las entidades representantes de los arquitectos y técnicos colegiados (CSCAE, CGATE Y CITOP) pidieron al Gobierno que pusiera freno a las obras: «Tendremos que ver cómo minimizar el impacto en el PIB de esta lamentable situación», afirmaron en un comunicado. Por parte de las promotoras, solicitaron al Ministerio de Transportes y Agenda Urbana que «clarificara» la situación de su actividad y pedían un «programa concreto de ayudas» para el sector.

La idea que repiten desde el Gobierno es que se reduzca la movilidad un 85%, como si un día laborable fuera un domingo. Pero no un domingo cualquiera, sino el pasado, cuando ya se había decretado el confinamiento. Este reto conseguirá, según los cálculos de sus expertos, a que las UCIs de las comunidades más afectadas no se sobresaturen la semana que viene por la ola de nuevos contagios más los enfermos que ya están ingresados.

La industria no para del todo

Una parte importante de la industria ya había parado o había reducido drásticamente su producción -como la automovilística- y está en procesos de ERTEs. Pero quedaba otra porción del sector muy preocupada por su situación tras el nuevo decreto del Gobierno. Era el caso de los altos hornos o la siderúrgia, que aludían a la dificultad de parar totalmente por el alto coste de volver a poner la máquina en funcionamiento cuando la situación vuelva a encarrilarse.

De hecho, la Confederación Española de Empresas del Metal (Confemetal) expresó este domingo su «más absoluto rechazo» a la medida porque causará «un deterioro del tejido económico difícil de recuperar». En un comunicado, la asociación que representa a más de 220.000 empresas con 1,5 millones de trabajadores advertía de que esta decisión «hará imposible mantener un nivel mínimo de actividad económica que garantice la eficiencia para enfrentarse a la crisis sanitaria».

Según el texto, más allá de la industria alimentaria y farmacéutica, que se sobreentendían esenciales, también se incluyen «los subsectores del textil, el vidrio, el tabaco, los productores de bienes de equipo y los sectores de producción de papel, cartón o celulosa». También es actividad esencial la industria electrointensiva, siderúrgica, altos hornos y minera, así como la producción y suministro de calefacción o aire acondicionado. Asimismo, la fabricación de baterías de plomo y las plantas con ciclo de producción continuo o cuya interrupción «pueda ocasionar peligro de accidentes». También la industria aeroespacial y de defensa se ha considerado esencial.

Continúa el teletrabajo

Por otro lado, todos los sectores de la economía, sean o no esenciales, que estuvieran ya teletrabajando podrán seguir haciéndolo. Al fin y al cabo, el objetivo último de este endurecimiento es reducir las personas que saldrán a la calle y el trabajo desde casa no lo requiere. Es decir, que si un agente de seguros trabajaba desde casa, aunque ahora esta actividad no esté dentro de las consideradas como esenciales podrá seguir desarrollándola.

También los sindicatos continuarán desarrollando su trabajo como hasta ahora, puesto que en estas dos semanas de parón económico «tienen que seguir defendiendo los derechos de las personas que sí están desarrollando sus labores», bien presencialmente, bien a través del teletrabajo. De hecho, desde UGT denuncian que se está produciendo un abuso de esta figura, sometiendo a los empleados jornadas laborales interminables.

Y las cerca de 600.000 trabajadoras domésticas (en femenino porque ellas son mayoría) podrán seguir acudiendo a sus puestos de trabajo si así lo han pactado con sus empleadores, según consta en el real decreto, que las considera como servicios esenciales. Si en un primer borrador limitaba esta actividad a las trabajadoras cuyos empleadores trabajen en servicios esenciales, como los médicos, al final lo han hecho extensivo para todos. No obstante, cabe destacar que en estas dos primeras semanas de estado de alarma muchas de estas trabajadoras han sido despedidas, según denuncian los sindicatos, y otras no asisten porque así lo han acordado con sus empleadores.

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