Un decálogo contra las noticias falsas sobre el coronavirus

La cuarentena no nos protege de otro virus peligroso que recorre estos días el mundo: la desinformación. Constantemente llegan a nuestros buzones mensajes llamativos que proponen efectivos remedios caseros contra el coronavirus o desvelan secretos sobre la manera en que se originó, con el único problema de que carecen de todo vínculo con la realidad. A veces, esa condición ficticia resulta evidente (y, aun así, sigue habiendo personas que reenvían y perpetúan los mensajes), pero en otras ocasiones se trata de medias verdades que apuntalan el dato inventado con otros auténticos.

Esta versión moderna de ‘radio macuto’ nos ha contado historias ‘creativas’ como que algunos refrescos fortalecen al virus, que el desinfectante MMS es un agente eficacísimo contra él o que todos deberíamos dedicarnos a comer ajos. También hay mil variantes de la explicación de la pandemia como una acción de terrorismo biológico puesta en marcha por los chinos o, según otras versiones, contra los chinos. Algunos bulos van tan lejos que amenazan con hacernos estallar la cabeza: es el caso de ese párrafo, muy difundido por las redes, que asegura que nos han «digitalizado» el cuerpo a través del polvo de los ‘chemtrails’ y ahora pueden detener a distancia el funcionamiento de nuestros órganos.

En realidad, la crisis ‘desinformativa’ del coronavirus solo supone la exacerbación, en tiempos de angustia y falta de certezas, de un fenómeno que preocupa enormemente a los profesionales sanitarios. El efecto combinado de las redes sociales y los teléfonos móviles ha potenciado la difusión de nociones erróneas sobre cuestiones médicas, que se expanden de manera incontenible. «Se considera un problema serio de salud pública, porque puede desencadenar el abandono de tratamientos, la negatividad hacia las recomendaciones de vacunación o la elección de tratamientos alternativos sin base científica», ha analizado Yared González-Pérez, del hospital San Pedro de Logroño, en el ‘European Journal of Hospital Pharmacy’.

Con el coronavirus, estas prácticas se han multiplicado. «La epidemia ha supuesto un desafío al orden internacional, sanitario y económico para el que existen pocos precedentes, pero también ha supuesto un desafío al orden informativo como ningún otro», resume Carlos Mateos, coordinador del Instituto #SaludsinBulos, que centra sus esfuerzos en detener esta oleada de falsedades. En sus recomendaciones y en las de otras entidades, como la OCU, se basa este decálogo.

1

Busca la fuente

Cada vez que recibimos una información sobre el coronavirus que nos llama la atención, lo primero es comprobar quién lo dice. Muchas veces es «un amigo médico» o, todavía peor, es algo así como «lo que le han pasado a un amigo de fuentes solventes». Hay que desconfiar de las informaciones que no procedan de fuentes oficiales o que no cuenten con la participación de profesionales sanitarios perfectamente identificados. «Las fuentes deberían ser fácilmente identificables por el lector, además de ser reconocidas y reputadas en su campo», apunta la OCU.

2

Investiga y comprueba

«Una de cada tres noticias de salud que se difunden en internet resulta ser falsa. Sé crítico ante titulares muy llamativos o noticias alarmantes sobre la epidemia», plantean los responsables de #SaludsinBulos. Las mismas herramientas que nos permiten recibir esos mensajes también nos hacen posible el investigarlos mínimamente: ¿se ha publicado eso en algún medio solvente? ¿Existen de verdad esos supuestos médicos, enfermeros o científicos que se mencionan en el texto?

3

Lee el texto completo

Muchas veces, las ‘fake news’ utilizan un texto que más o menos se corresponde con la realidad, pero lo encabezan con un titular sensacionalista que no se atiene al contenido. Si nos quedamos en eso y seguimos difundiéndolo por las redes, estaremos contribuyendo a que la sociedad asuma como cierta una idea equivocada.

4

Pseudoterapias no, gracias

Esto debería ser un punto de partida a la hora de valorar cualquier recomendación recibida por vías informales. Todos esos supuestos tratamientos alternativos para el COVID-19 son falsos y pueden resultar tremendamente peligrosos: en el mejor de los casos, resultarán simplemente inocuos y no harán más que alentar esperanzas infundadas.

5

Evita los automatismos

La propia dinámica de las redes propicia la inmediatez, y muchas veces apretamos el botón de reenviar antes incluso de cuestionarnos la solidez de un contenido. En asuntos sanitarios, esto resulta particularmente nocivo, ya que sus consecuencias pueden ser muy graves. «Piensa y contrasta antes de decidir reenviar una noticia sobre el coronavirus, porque muchas de ellas son bulos», insisten los expertos.

6

Mantente informado

No permitas que lo que te va llegando al buzón sea tú única fuente de información sobre la pandemia. Conviene estar al día de lo que se va publicando en las páginas de instituciones sanitarias y sociedades científicas, así como prestar atención a las entidades que dedican sus esfuerzos a desmentir los bulos que circulan por la web. Probablemente, para cuando te llegue la supuesta información, ya habrá expertos que la hayan desmentido.

7

Un truco

Muchas veces, la investigación es tan sencilla como copiar parte del texto que nos llega por WhatsApp o por cualquier otra vía, pegarlo en Google y mirar los resultados. Eso nos permitirá comprobar en un momento si procede de alguna fuente fiable o si se trata de ‘contenido basura’ contra el que ya han argumentado los expertos.

8

Fíjate bien en las imágenes

«Las ‘fake news’ suelen recurrir a imágenes llamativas y sacadas de contexto destinadas a llamar tu atención para que hagas clic en el enlace», argumentan en la OCU. A veces, basta un examen detenido para darse cuenta de que algo no encaja en la foto o el vídeo, y eso ya debería ponernos en guardia: probablemente, no se corresponden con lo que dice el texto, sino que proceden de otros lugares u otros momentos. En otras que resultan menos claras, una consulta a los buscadores ‘online’ puede servir para identificar su auténtico contexto.

9

El miedo es mal consejero

A la hora de evaluar la información que nos llega, hay que intentar mantener la cabeza fría, por difícil que resulte en estas circunstancias. «Es natural sentir preocupación ante la propagación del coronavirus y tener la necesidad de conseguir información. Son emociones humanas comprensibles, pero ten en cuenta que los bulos de salud se alimentan de tu miedo. No sucumbas al miedo irracional que pretenden los difusores de estas peligrosas noticias falsas», aconsejan en #SaludsinBulos.

10

Denuncia

Si llegas a la conclusión de que eso que te ha llegado es una falsedad, hazla llegar a las fuerzas de seguridad (que cuentan con unidades especializadas en delitos informáticos) o a alguna de las muchas instituciones que trabajan para defender la ciencia y la información. En esta epidemia, como en la del coronavirus, también hay que adoptar medidas preventivas, y el hecho de compartir tus dudas con los expertos puede ser decisivo para que otros no muerdan el anzuelo.

Leave a Reply