Iglesias se la pasa a Oltra

Se puede discutir todo lo que se quiera acerca de quién tenía las competencias sobre las residencias de ancianos a partir de la declaración del estado de alarma en España, si el Gobierno central -como pretenden algunos- o las comunidades autónomas -que es la tesis defendida por Pablo Iglesias-. Pero una cosa está clara y es que si asumimos esta segunda tesis -la de que las autonomías seguían siendo las responsables de vigilar el funcionamiento de estos centros, fueran públicos o privados- lo que ya sí que queda fuera de cualquier posible debate es que el líder morado está afirmando que si en la Comunitat Valenciana hay que buscarle las vueltas a alguien, que apunten a Mónica Oltra, no a él. Y que no me vengan diciendo que en realidad Iglesias se refería a la Comunidad de Madrid -donde gobierna el PP- porque lo que fuera de aplicación allí no podía ser distinto de lo de aquí. Y muertos, por desgracia, los hubo en estas dos y en el resto de comunidades. Pero que si quieres arroz, Catalina. O Mónica. En otros tiempos, en sus largos años de oposición, la hubiéramos visto a las puertas de las residencias clamando contra la incompetencia, la insensibilidad y no sé cuántas cosas más del Consell de Camps, de Fabra o de quien fuera, consolando a familiares destrozados que habrían perdido a sus seres queridos sin poder ni siquiera despedirse, reclamando responsabilidades políticas, civiles y penales, exigiendo dimisiones, indemnizaciones y penas de cárcel, solicitando comisiones de investigación y acudiendo a su cadena de televisión -que por si alguien lo dudaba no es À Punt- para con lágrimas en los ojos si fuera necesario -que lo hubiera sido- poner voz emocionada a una generación, la de nuestros mayores, que es quien ha sufrido como nadie la embestida mortal del Covid-19. Eran otros tiempos, los de alumna aventajada -a pesar de militar en partidos diferentes- de aquel Rafael Blasco al que no se le cayeron los anillos por tener que cargar con la maleta de una mujer a la que el doctor Cavadas había operado ambas manos el día en que abandonaba el hospital. Pero ahora no hay manera, ni aunque Iglesias le diga ¡tú la llevas! Y que nadie quiera ver un ajuste de cuentas del hoy vicepresidente y antes profesor a tiempo parcial y activista a tiempo completo con la hoy vicepresidenta y antes desleal opositora (de hacer oposición, que no de estudiar una) por aquello de la alianza electoral de los nacionalistas de Compromís con los ni chicha ni limoná de Errejón, que esto no va de eso sino de quitarse de en medio, de soltar la patata caliente y de lanzarla al otro, sea de derechas, de izquierdas o mediopensionista.

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