La importancia de ser serio

Me he permitido la licencia de tomar prestado el título de una conocida comedia de Oscar Wilde (‘The importance of being Earnest’), que en nuestro medio se ha dado en llamar ‘La importancia de llamarse Ernesto’, en la que juega Wilde con las palabras Earnest (serio) y Ernest (el hermano ficticio del protagonista) que en inglés suenan igual. Ese título se compadece bien con la situación sociopolítica actual. Nos jugamos en un envite algo tan importante como la vida, la salud o la hacienda y se requiere máxima seriedad en ciudadanos, gobiernos y administraciones. No aparenta haber funcionado así.

Presenciamos a diario el triste espectáculo de baile de números de afectados, contagiados, infectados, enfermos graves o fallecidos por el agresivo coronavirus, y asombra que sea tan difícil para la administración sumar en una simple hoja de cálculo (Prof. Garicano; EM 5/6/20). Como saben todos los que manejan datos informáticos es un problema GIGO (garbage in, garbage out; basura entra, basura sale), de buena recogida de datos que pasa por una clara definición de los mismos y dejar claros los cambios y sus causas. Hemos pasado de considerar contagiado o, en su caso, fallecido por Covid-19 al diagnosticado clínicamente como tal por falta de medios para hacer las pruebas diagnósticas, a considerar contagiados sólo a los enfermos con infección comprobada microbiológicamente. Esta cifra depende de la evolución de la infección en la población pero también, obviamente, de la disponibilidad de los test diagnósticos y de su sensibilidad y especificidad, que no siempre han sido óptimos. Así es difícil sumar bien.

Es seguro que los asesores científicos de los políticos son profesionales competentes que han debido trasladar a la ciudadanía datos muy complejos, empeño no fácil, pero cuyas propuestas pasan de la ciencia a la política cediendo en precisión en el cambio. Es políticamente mejor, más conveniente, contar sólo datos parciales, aunque ahora se llamen casos confirmados. Parece que sean muchos menos los contagiados. La acción política se mueve mejor en el terreno de la imprecisión, de forma que un dato (o una palabra) pueda significar lo que se quiera interpretar. Luego los estudios poblacionales nos devuelven a la realidad con un 5,2% de la población que ha pasado la infección, lo que equivale, al menos, a multiplicar por 10 el número de los contagiados comprobados.

Ahora que los contagios y los fallecimientos van de bajada hay que enfrentar nuevos retos sociosanitarios como recuperar a los curados, afrontar los rebrotes con adecuadas reservas estratégicas o la reorganización de la asistencia a los ancianos. Sin olvidar las secuelas que los sanitarios puedan presentar por sus estresantes condiciones de trabajo durante tanto tiempo.

Se requiere contabilizar bien, por ejemplo, las variables de curación: curados totalmente, curados con secuelas pasajeras, curados con secuelas permanentes. La mayoría ha pasado la enfermedad, muchos inadvertidamente, y se han curado realmente, otros han sido dados de alta de la infección pero aún están en convalecencia, a veces durante semanas. Una mayoría sólo requerirán cuidados generales y algo de tiempo para normalizarse, pero hay un numeroso grupo entre los que han estado más graves que presentan secuelas de las lesiones víricas o de las complicaciones durante el proceso que afectan no sólo a los pulmones. Algunas han sido tan devastadoras que requerirán largos periodos de recuperación y en algunos, desafortunadamente, atención a procesos cronificados o incluso discapacidades permanentes. Muchos necesitarán pasar por un proceso de rehabilitación, física y psíquica, y se requerirá habilitar unidades específicas, porque no es fácil que su atención pueda ser asumida por unos servicio especializados que ya no estaban sobrados de personal, espacios y medios.

Muchos nuevos aspectos van a ser primordiales a partir de ahora y exigen mantener la tensión que nos ha exigido el primer embate de la pandemia, porque el virus sigue con nosotros. Organizar el aluvión de la atención a los afectados, mantener, desarrollar y proveer mejor el sistema sanitario y atender a los propios sanitarios (inversión no sólo aplausos), junto a la tarea de repensar y reorganizar, con lo aprendido y sufrido, las residencias y los cuidados para los mayores son ya una necesidad primordial. Pongámonos a ello con seriedad.

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