Los nuevos colores del colibrí

La retina humana es sensible a los tonos del rojo, el verde y el azul, tres gamas a partir de los que compone un espectro más rico de colores. Sin embargo, tal cantidad de combinaciones resulta escasa si se compara con las que detecta el ojo de un colibrí. Estas aves pueden apreciar más tonalidades gracias a que su aparato ocular también capta las tonalidades ultravioletas, invisibles para las personas, según un estudio publicado en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’. Es decir, ven un cuarto color pero también pueden combinarlo con los que capta el hombre.

Estas frágiles aves salvajes han sido adiestradas por Mary Caswell Stoddard, investigadora de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Princeton, para determinar cómo es esa variedad de nuevos tonos. El increíble resultado sólo es posible imaginarlo. Colores primarios como el rojo, o secundarios como el verde, entremezclados con el ‘color’ ultravioleta. Lo que el ojo humano diferencia como un plumaje magenta, y que destaca en el cuello de un macho de colibrí, como el de la fotografía, podría ser un ultravioleta purpúreo para su portador y sus semejantes. Las aves tienen una retina capaz de diferenciar un tono extra con relación a los humanos, que distinguen tres. Pueden, por tanto, añadir a su paleta esos nuevos colores, inaccesibles para los hombres.

De esos colores ultravioletas con los que las aves pintan su universo, el humano sólo puede ver el púrpura, el único que puede apreciar fuera del espectro del arco iris, explican los investigadores. Esa particular visión tornasolada, que los investigadores creen que se puede transpolar a todas las aves y varios reptiles, sirve para hallar pareja, alimentos y cobijo, más que otros sentidos, como el olfato. Incluso, más que la memoria. Esta conclusión llega después de tres años de experimentar con comederos distintos, uno con agua azucarada y otro sin azúcar. Cada uno fue identificado con tubos de luz LED que emitían distintos tonos de un ultravioleta verdoso, especialmente calibrados para la prueba.

Cada mañana, estos recipientes fueron colocados en un lugar distinto, por lo que el recuerdo no podía ayudar a las aves a dirigirse directamente al líquido más dulce. También se tomaron otras medidas de control para descartar los demás sentidos en el adiestramiento. «Los humanos son daltónicos en comparación con las aves», asegura Stoddard, autora principal del artículo ‘Los colibríes distinguen los colores no espectrales’. Durante tres años, las diminutas aves de la especie ‘Selasphorus platycercus’ aprendieron cuál era el color ultravioleta, invisible al ojo humano, que señalaba la recompensa.

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