Paseíllos contra el ninguneo

De no ser por el Covid-19, en estas fechas tendríamos que estar inmersos en el ambiente de las ferias que por San Juan y San Pedro se programan a lo largo y ancho de nuestra piel de toro. De Badajoz hasta Alicante, y de Algeciras a Burgos o León, los coches de las cuadrillas toreras siempre comenzaban el cálido y largo verano afrontando el ajetreo de los muchos kilómetros nocturnos que se echaban al coleto. Esta temporada ese trajín, esa actividad y, lo más esencial, esa economía, de momento, nos la ha birlado el maldito bichito. No obstante, en adelante, si los políticos que manejan la ‘nueva normalidad’ no lo ponen muy difícil, podría decirse que algo de lo que ya se daba por perdido, todavía se puede recuperar.

Esfuerzos para conseguirlo no faltan. Ahí está el trabajo que la Fundación del Toro de Lidia está llevando a cabo para que el gobierno, en lugar de poner trabas, facilite la realidad perdida. Noticias como las producidas por el presidente de Extremadura, autorizando el 75 por ciento del aforo en las plazas de su comunidad, o las que nos llegan del regidor de la ciudad francesa de Beziers, confirmando que su feria tendrá toros los días 15 y 16 de agosto, son algo más que un canto a la esperanza. Y más si finalmente, como ha declarado la presidenta de la Comunidad de Madrid, puede haber luz verde para que se celebren corridas durante las fiestas de los pueblos de su comunidad y en Las Ventas, en otoño.

Por otro lado, los paseillos, la ilusión de los aficionados porque haya toros no tiene límites, celebrados durante el pasado fin de semana en una veintena de ciudades, ¡Barcelona entre ellas!, han servido tanto para demostrar que el respeto por lo propio, y también por lo diferente, son valores con gran arraigo en la Tauromaquia, como también para hacerse oír ante quienes carecen de la sensibilidad necesaria para aceptar que en democracia el pensamiento único no debe tener cabida. Avales todos de gran importancia.

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