Biden elige a una mujer de origen asiático y jamaicano como vicepresidente

En la era del #MeToo y #BlackLivesMatter, la pareja presidencial de un candidato demócrata que aspira a ganarse la base progresista tenía que ser una mujer negra, pero no tan negra como para activar el racismo subyacente que llevan muchos estadounidenses en el subconsciente. La elegida de Joe Biden ha sido la senadora Kamala Harris, de 55 años, hija de una científica de India especializada en cáncer de pecho que emigró a EE UU para estudiar un doctorado en Berkeley y se enamoró allí de un jamaicano, profesor emérito de Económicas.

Otro ejemplo de afroamericana de élite a lo Barack Obama que no representa a la mayor parte de esa minoría pero la contenta lo suficiente, sin que la clase blanca se sienta amenazada. Una opción perfecta para Biden, que define lo que será su presidencia si vence a Donald Trump el 3 de noviembre.

Harris será la primera mujer en presentarse a vicepresidente por uno de los dos grandes partidos que se alternan la presidencia desde que Walter Mondale apostó por Geraldine Ferraro en 1984. La pareja se estrelló tan estrepitosamente frente a Roanld reagan que Mondales sólo ganó su estado natal de Minnesotta y Washington DC. Nadie volvió a fichar a una mujer hasta ahora.

La senadora californiana se ganó el honor en el primer debate presidencial de junio del año pasado, cuando le asestó un golpe mortal al favorito demócrata al confrontarle con su oposición a la política para acabar con la segregación escolar y el sistema de transportar a niños negros hasta los colegios de acaudalados barrios blancos. «Yo era una de esas niñas», proclamó, tras mostrarse ofendida por los «dolorosos» comentarios en los que el vicepresidente se vanagloriaba de haber trabajado con prominentes senadores racistas.

Ágil y bien preparada, la ex fiscal general de California fue la más dura con Biden durante los debates y se apuntó tantos a su costa, presentándose a los ojos de los demócratas como la mujer que todos querrían ver batiéndose con Trump. Ahora es su coartada de cara a los votantes negros que habrá que movilizar para ganar las elecciones.

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