Maradona estuvo aquí: El ‘Panik hotel’, en l’Ametlla del Vallès

El ‘Panik hotel’ está situado al pie de una carretera comarcal de Barcelona, en l’Ametlla del Vallès. El nombre es más teatral que otra cosa, aunque lo que quede de él solo sean ruinas. Hay tres episodios que determinan su devenir: Maradona se alojó allí en el Mundial de 1982; el director de terror Jaume Balagueró rodó en sus pasillos una película; y los ‘urbex’ –como se autodenominan los exploradores urbanos– lo han convertido en una de sus mecas. No es hoy, en cualquier caso, un lugar recomendable.

Se abrió en 1969, bajo el nombre de Hotel del Vallès. Emplazado a 35 kilómetros de la capital condal, para aprovechar su tirón turístico, amplió en los años sucesivos sus equipamientos y servicios. Se dotó hasta de piscina, un lujo en los setenta. A lo largo de esa década, se convirtió en un centro de ferias y reuniones de cierto postín. En los ochenta le llegaría su gran momento.

La selección argentina de fútbol se hospedó en sus habitaciones durante el Mundial celebrado en España. Diego Armando Maradona, 22 años, empezaba a caminar por la senda de la historia. El Barça le acababa de fichar y se esperaba de él un espectáculo sobre el césped. No fue así. Marcó solo dos goles y recibió una tarjeta roja por sacudir una patada al brasileño Batista. La albiceleste cayó en la segunda fase y los jugadores tuvieron que hacer maletas y volver a casa. Al hotel le amenazaba para entonces la sombra del de¬clive. En 1992, durante las olimpiadas de Barcelona, volvió a ser contratado por la logística de los Juegos, pero apuraba ya sus últimos coletazos. La mala gestión le obligó a cerrar sus puertas al año siguiente.

Quien puso después sus ojos en el desmedrado establecimiento fue el director de cine Jaume Balagueró, famoso años más tarde por ‘REC’, su franquicia de películas de terror. En 1999, rodó en su interior ‘Los sin nombre’, un inquietante largometraje del que ahora, precisamente, se prepara una serie de televisión. El filme atrajo a los buscadores de misterios, y así se forjó el nombre de ‘Panik hotel’. Allí no había fantasmas, ni crímenes sin resolver. Simplemente, la película del cineasta catalán dio una personalidad a las ruinas.

Antes de la llegada de los cazadores de lo arcano, otros ‘gremios’ se sintieron atraídos por el viejo hotel. Los ladrones de chatarra saquearon el edificio. Okupas de todo tipo se instalaron en las habitaciones. La Policía llevó a cabo redadas en busca de plantaciones de marihuana y fiestas ilegales. Pasó a ser un lugar siniestro.

Signo de los tiempos

Entonces aparecieron los ‘urbex’, exploradores de lugares en ruinas, adictos a inmortalizar la decadencia urbana. La accidentada central nuclear de Chernobyl es su paraíso, para que se hagan una idea. Centenares de estos personajes acudieron al ‘Panik’ con sus cámaras digitales. Quizás este sea el signo de los tiempos. Si durante siglos los exploradores buscaron maravillas y riquezas con las que comerciar, ahora se dedican a dejar testimonio de la crisis y del fin del esplendor de nuestro mundo.

Leave a Reply