Biden gana puntos

Más de un 70% de los votantes norteamericanos afirman que los debates electorales apenas les influyen. Pero los equipos de Donald Trump y Joe Biden saben que, esta vez, los tres cara a cara pueden determinar el resultado del 3 de noviembre. Como ocurrió en las elecciones presidenciales de 2016, de nuevo la decisión pende de un manojo de Estados indecisos, en los que la ventaja del demócrata es todavía reversible. El primer debate celebrado en Ohio puede convertirse en el más importante. Lo ganó Joe Biden, según las encuestas realizadas en las horas posteriores, en buena medida por la fallida estrategia de Trump, que buscó la confrontación y boicoteó la posibilidad de un diálogo mínimamente civilizado. Fue más bien un intercambio de golpes dialécticos y deacusaciones (racista, evasor fiscal versus socialista, poco listo), en el que cada candidato se dirigía a su base y trataba de movilizarla y llevarla a las urnas. Trump se saltó las reglas del juego una vez más, con agresividad e interrupciones constantes, mostrando su desprecio por el moderador de la cadena Fox, Chris Wallace, al que suele insultar en las redes. Su principal error ocurrió sin embargo fuera del debate, al presentar unos días antes a Biden como un anciano con problemas de demencia senil, prácticamente inválido. El demócrata demostró en los noventa minutos que es capaz de argumentar, razonar, atacar y defenderse con normalidad. Sus más de cincuenta años de experiencia en política no le han convertido en un líder muy atractivo, pero sí en un patriarca razonable y experimentado. Ganó muchos puntos cuando se dirigió directamente a los ciudadanos afectados por el covid-19 y al pedir que Trump mostrara sus declaraciones de la renta, como él lo había hecho durante su larga carrera. No metió ninguna pata, como acostumbra a hacer en muchas de sus intervenciones públicas, y salió airoso del trance. El presidente, por su parte, necesitaba ganar claramente, pero solo consiguió sembrar el caos. Sembró incluso más dudas sobre su capacidad de ejercer la presidencia un segundo mandato con una mínima capacidad de autocontrol.

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