La Cabalgata virtual

Una de las novedades que trajo el coronavirus este verano fue la celebración de las no-fiestas. Como se suspendieron las fiestas locales para evitar contagios, algunos optaban por celebrar su no convocatoria y así lograron, efectivamente, crear focos de difusión vírica. Entre las no-fiestas deberíamos temer las que quedan por venir. En breve, el Nou d’octubre y el Día de la Hispanidad; después, Halloween y, por fin, las apoteósicas, Navidad y Reyes.

En Valencia ya se han suspendido casi todos los actos del Día de la Comunidad, salvo la honra a la Senyera en el Ayuntamiento y fuegos artificiales en diversas localidades. Lo mismo sucede en España con los actos del 12 de octubre. El problema no son las fiestas oficiales, controladas, medidas y ajustadas a la situación sino aquellas no-fiestas que devienen en actos de absoluta irresponsabilidad. Si todos los años son problemáticos los botellones de Halloween, en éste resultan especialmente inoportunos, no solo por la posibilidad de contagio sino porque se celebran en la víspera de Todos los Santos, el día en el que recordamos tradicionalmente a los difuntos. Este año ellos deberían ser los protagonistas junto a quienes han luchado contra el virus. El Día más especial de 2020 debería ser Todos los Santos, aunque no se comparta la fe que lo nutre. Más de 50.000 españoles estarán en la memoria y merecen, como nunca, aplausos, flores y rezos. Es la única sí-fiesta que deberíamos mantener no solo por ellos sino también por acompañar a sus allegados que los lloran y los añoran.

Ahora bien, pasado noviembre, llegará la Navidad y los Reyes, una prueba de fuego social para la que deberíamos estar a la altura. Es posible que este año, según cómo evolucione la pandemia, tengamos que celebrar la Navidad sin alguno de sus ritos ancestrales. Para muchos, renunciar a reunirse con los cuñados no tiene nada de malo. Todo lo contrario. Pero no resulta fácil aceptar que los niños no vivan su cabalgata de Reyes tal y como han decidido ya en Cataluña, o están sopesando en Sevilla.

La Cabalgata, con sus aglomeraciones; los caramelos o juguetes que se tiran desde las carrozas, o los regalos que se suben al balcón en Alcoy, es un acto especialmente delicado. No hay gel para tanto intercambio de objetos. Sin embargo, parece difícil dejar a los más pequeños sin esa ilusión. Se requiere más imaginación que nunca para ofrecer una alternativa segura. Y, de momento, no parece apropiado que la carta se sustituya por un Whatsapp a los Reyes o su visita, por una videoconferencia con Baltasar.

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