Los cambios nos beneficiaron

Javi Gracia alineó, además de los habituales, a Correia, Álex Blanco y Yunus Musah. Dejando en el banquillo a futbolistas como Guedes o Racic. Dio la sensación de que, sin querer dejar de competir en San Sebastián, concedía mayor probabilidad de éxito al próximo encuentro en Mestalla ante el Betis. A veces piensas así, crees que es muy complicado puntuar en un determinado encuentro y optas por dejar a ciertos jugadores fuera del once, para poder tenerlos muy frescos y en perfectas condiciones para el partido contra el rival al que piensas que puedes vencer con menos dificultad. Pero lógicamente, siempre con el ánimo de competir igualmente.

No era fácil el partido. Una Real Sociedad alegre, en buen momento, manteniendo modelo e intenciones de juego. Una defensa plagada de canteranos, y unos mediocampistas y jugadores de ataque de verdadera relevancia. Sigue el mismo entrenador, el que dotó a este equipo de un estilo peculiar, identificable, que no especula, que maneja bien el balón, que espera su momento y lo aprovecha cuando le llega. Es ahí cuando sorprenden al rival con velocidad, verticalidad, buenos desmarques y mucha precisión. Un rival complicado. Muy bien tenía que hacer las cosas nuestro equipo para sacar algo positivo de Anoeta.

Una primera mitad correcta, incluso positiva. Bien en defensa, obligó a la Real a practicar un fútbol ofensivo lento y poco efectivo. Sin grandes ocasiones, y sin peligro real arriba, el rendimiento de la Real Sociedad quedó muy alejado de lo habitual. Un Valencia que, además, y principalmente hacia el final de esa primera parte, se atrevió a llegar y pisar el área local. Lástima el golpeo de Kang In Lee tras el exquisito control, la galopada y pase atrás de Gayà. Equilibró el partido y hasta generó confianza en sus posibilidades.

Y una segunda en la que sufrió muchísimo más que en la primera y, sin embargo, acabó dándole la victoria. Una Real Sociedad que dominó completamente al principio, embotelló a un Valencia al que le costaba un mundo frenar los ataques locales y salir al contragolpe. Pero aguantó. Llegaron los cambios, que perjudicaron a una Real Sociedad que tenía absolutamente controlado el partido, y beneficiaron a los nuestros, que vieron como Gayà, jugando ya de interior era el que recibía el pase de Wass y mandaba un preciso balón a Maxi para el cero a uno.

El fútbol es así, cuando menos confiabas en una victoria, se produjo, con un equipo plagado de gente joven, y de futbolistas que, en un principio, tenían escasísimas posibilidades de quedarse. Ahora es cuando más se pone de manifiesto que, independientemente de que al Valencia no se le puede exigir la clasificación para Liga de Campeones, mucho más se le debía reclamar. Días de tranquilidad y seguimos a la espera. Ojalá la plantilla pueda ser mejorada.

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