El Athletic intenta despejar las dudas

Raúl García (c) lucha por el balón con el centrocampista del Levante Bardhi.
Raúl García (c) lucha por el balón con el centrocampista del Levante Bardhi.Miguel Toña / EFE

El Athletic intentó disipar las dudas que había creado en el comienzo de la Liga con un triunfo merecido ante un Levante sin argumentos. La ventaja pudo ser mayor, pero los dos goles son oro puro después de la zozobra de tres derrotas en cinco partidos.

San Mamés estaba hecho unos zorros, como el Athletic. Dicen que el estado del césped se degrada con la falta de luz artificial. Desde que se amplió la cubierta, el campo está muy cerrado y no pega el sol lo suficiente pese a la medicina de los focos que activan la función clorofílica en la hierba. Pero no hay focos que iluminen la propuesta futbolística de los jugadores rojiblancos, salvo que jueguen con intensidad. Sólo chispazos de vez en cuando. Por eso el Levante, que pasó apuros sólo mientras el árbitro revisaba una acción en la que había señalado penalti sobre Balenziaga -aunque luego se retractó-, jugó una cómoda primera parte. No se veía esa intensidad por ninguna parte.

Percutía el Athletic a veces por la derecha, otras por la izquierda, por la que pululaba Berenguer, que se está adaptando al equipo pero no terminaba de llegar con convicción. Sólo antes del penalti no nato acertó a crear una buena ocasión después de que Williams se deslizara hasta la línea de fondo y, después de un centro confuso, Muniain rematara para que sacara la defensa debajo del larguero.

Berenguer, que no había aparecido demasiado durante la primera media hora, como si afrontara con prudencia su debut en San Mamés –aunque ya jugó con Osasuna–, empezó a dejarse ver en una buena asistencia a Muniain y en un disparo cruzado que atajó Koke Vegas.

En la segunda mitad se dejó la timidez en el vestuario. Berenguer se empezó a destapar, por una banda y por la otra. Cogió protagonismo. Intentó un disparo después, tras recibir de Muniain en un córner, y eclosionó en el minuto 67, cuando después de que Raúl García ganara un duelo aéreo, recibió a diez metros del área, cuerpeó con Postigo, se llevó la pelota y, ante la salida de Koke, tocó con sutileza al palo contrario para abrir el marcador.

Andaba más entonado el Athletic, más convencido de que, ante un Levante sin demasiados argumentos, cualquier detalle podía darle los tres puntos. El equipo de Paco López, más apocado que nunca, no sacaba ningún rédito a sus llegadas al área. No estaba en el partido. El Athletic de la segunda parte, sí. Y Berenguer más. Hizo otro gol, anulado por un fuera de juego milimétrico de Raúl García, e inició la jugada del segundo tanto bilbaíno.

La comenzó por la derecha, luego la pelota cayó a la izquierda, donde Morcillo le ganó la carrera al defensa, centró paralelo a la línea de gol, y Williams paró con un pie y anotó con el otro a un metro de la portería para lograr el marcador definitivo, que pudo haber sido más amplio si hubiera acertado en la mejor ocasión del partido, la que siempre se asocia a su juego: recibió en el centro del campo, se marchó solo, en una carrera a la que ningún defensa podía llegar, y se ofuscó ante Koke, contra quien estrelló la pelota. Para entonces, el Athletic ya no tenía ningún temor, porque el Levante no dio señales de vida en los 90 minutos.

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