Los irascibles

Manifestación contra el cambio climático en Milán el pasado 6 de octubre .
Manifestación contra el cambio climático en Milán el pasado 6 de octubre .Cozzoli Carlo/IPA/ABACA / GTRES

A veces, en la vida es fundamental saber decir basta. Así lo hicieron, a comienzos de los 50, Los Irascibles, un grupo de 18 artistas modernos de la Escuela de Nueva York que, horrorizados por la guerra, habían abandonado la pintura figurativa de bodegones y bailarinas y, cuando el Metropolitan organizó una exposición de arte de vanguardia norteamericano sin seleccionar ninguna de sus obras, se sintieron discriminados y protestaron con una carta contra el MET en la primera página del New York Times.

¿Se imaginan la falta de visión de los comisarios que, en pleno desarrollo del expresionismo abstracto, el movimiento que transformaría la década y lideraría el arte mundial de la segunda mitad del siglo XX, decidieron no colgar ni un solo Pollock o Rothko?

En algunas cosas, esta pandemia no está tan alejada de aquellos tiempos. Ha traído muerte, crisis, desesperación y, en EE.UU., un déficit público sólo comparable al generado por la Segunda Guerra Mundial. También, un espíritu de transformación y cambio radical, como suele ocurrir tras los grandes shocks. Igual que los expresionistas abstractos fueron vistos como unos idealistas que trataban de remover conciencias, cuando hoy se habla de cambio climático ¿no se asocia a una sectaria moda pasajera? ¿No ha llegado el momento de aprovechar la oportunidad de reconstrucción que nos brinda el coronavirus para resolver este problema?

El calentamiento de la Tierra no es sólo una amenaza a largo plazo: es responsable de la multiplicación de las catástrofes naturales. Asimismo, la contaminación atmosférica causa más de 7 millones de muertos al año (frente a 1 millón de fallecidos por Covid).

A este ritmo, no se cumplirá con la neutralidad de emisiones para 2050 acordada en París, que exige una reducción anual del 5% durante 30 años, un objetivo que, por primera vez, se ha alcanzado en los últimos 12 meses, por la excepcional e irrepetible parálisis generada por los confinamientos.

Cierto es que con el actual regreso del Keynesianismo, Europa se ha situado a la cabeza mundial de la economía verde, destinando un 30% del Plan de Recuperación y de los presupuestos, a potenciar un crecimiento sostenible y su independencia energética.

Un paso histórico sin precedentes, pero insuficiente para solucionar un problema de tan enorme dimensión. Esta decisión no es más que el pistoletazo de salida para nuevos compromisos que, además, acabarán siendo secundados por más países. Buenos ejemplos de ello son la reciente decisión del Parlamento Europeo de aumentar hasta el 60% el objetivo de reducción de gases (vs 55% propuesto por la Comisión), la promesa de Joe Biden de un New Green Deal, que supondría un 2,6% anual del PIB (el doble del compromiso europeo) o, que China acabe de anunciar la neutralidad de carbono para 2060.

Los tiempos cambian y la lucha contra el cambio climático y la transición energética nos encaminan a un mundo que, en menos de diez años, no reconoceremos. No podemos ser miopes, como los conservadores del MET y dejar pasar por delante un cambio de semejante dimensión, que no ha hecho más que empezar.

Joan Bonet Majó, es director de Estrategia de Mercados de Banca March

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