Vox busca capitalizar el descontento con una moción de censura sin apoyos

La quinta moción de censura de la historia de la democracia llegará el próximo miércoles al Congreso de los Diputados de la mano de Vox. A diferencia de la anterior, la que desalojó a Mariano Rajoy de la Moncloa en junio de 2018, los de Santiago Abascal son conscientes de que los números esta vez no son suficientes para situar a su candidato en la presidencia del Gobierno. Pero de momento han logrado arrebatar al Partido Popular parte de la iniciativa en el debate parlamentario capitalizando el descontento ciudadano provocado por la gestión de la crisis sanitaria. Un hecho que no ha pasado desapercibido en las encuestas, como el último barómetro del CIS, publicado el pasado miércoles, que les vuelve a situar por delante de Unidas Podemos en intención de voto. La estimación de GAD3 incluso aumenta en 13 el número de diputados que la formación de ultraderecha obtendría si se celebrasen nuevas elecciones generales, a costa de los 18 que perderían los populares.

En Génova han recibido los resultados de estos sondeos con cierto nerviosismo. Los de Casado se encuentran en una encrucijada y aún no han decidido si votarán no o se abstendrán. Pese a su crítica feroz al Gobierno en las últimas semanas, los populares no han ahorrado calificativos contra la moción. Su secretario general, Teodoro García Egea, llegó a definir el movimiento parlamentario como «circo de Vox» y «engaño». Calificativos que compartidos por el resto de la cúpula del partido.

La moción, aseguran los de Casado, sólo interesa a la formación de Santiago Abascal pues está diseñada «a su mayor gloria». Por eso, restan importancia al sentido de su voto que «de ninguna manera» será un sí.

En todo caso, para que la moción pudiera prosperar no solo serían necesarios los votos afirmativos del Partido Popular. Ni siquiera bastaría con incluir en la ecuación a Ciudadanos, que el viernes ya confirmó su negativa apoyar la propuesta. Entre los tres partidos alcanzarían un máximo de 150 apoyos en el Congreso, 26 menos de la mayoría simple requerida para, en segunda instancia, arrebatar el cargo de presidente a Pedro Sánchez.

De ahí las suspicacias que este movimiento ha despertado desde el principio en Ciudadanos y Partido Popular. Desde que la anunciaron a bombo y platillo a finales de julio, Vox ya era consciente de la dificultad de que la moción prosperase. Para ello debían primero convencer a otras fuerzas que actualmente se encuentran en sus antípodas como ERC (13 diputados), PNV (6), Bildu (5 diputados) o JxCat (8). Un hecho que se antoja imposible.

Por eso en Génova son contundentes y defienden que la agenda del partido la marca su líder, Pablo Casado, y no sus adversarios ni el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. La decisión sobre el sentido del voto no es «ni compleja ni complicada», defienden, y los populares están centrados en su estrategia de oposición «firme y responsable».

Sánchez, presente

Más sosiego existe en los partidos que forman parte del Gobierno de coalición. Sánchez, que en un principio no tenía previsto acudir al debate alegando motivos de agenda, estará finalmente en el Congreso desde las nueve de la mañana, hora a la que comenzará la intervención del diputado de Vox y candidato en la próximas elecciones catalanas, Ignacio Garriga, encargado de defender la moción.

La estrategia de los socialistas se basa en restarle toda la importancia posible. La portavoz del Ejecutivo y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ya afirmó el martes pasado que la moción no va a suponer «ninguna afectación a los planes» de la coalición. Entre ellos, por ejemplo, ultimar los flecos que le restan al borrador de los Presupuestos Generales delEstado de 2021.

En el ala morada del Gobierno, la estrategia es similar y sus miembros se empeñan en repetir que lo importante es la gestión de los efectos de la segunda oleada de coronavirus. Aunque de puertas hacia afuera en Unidas Podemos se menosprecia la propuesta de Vox, incluso con burlas por parte de su portavoz parlamentario, Pablo Echenique, en privado lo consideran una oportunidad de aislar aún más al PP y de que se ha realidad la frase con la que Pablo Iglesias amenaza a los populares:«No van a gobernar nunca».

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